miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL MIEDO ESCÉNICO
En la vida a veces se nos presentan situaciones en las que tenemos que hablar delante de la gente, bien por una conferencia, un discurso, una asamblea de padres… pueden surgir ocasiones en el que el miedo ante esa situación nos provoque sudoración, palpitaciones, tartamudeo, afonía, es decir estados de ansiedad y por supuesto que de esto no se libran los actores, ese temor es El Miedo Escénico, que no debemos confundirlo con la timidez, tema del que hablaremos otro día.
Este estado inhibitorio reduce la efectividad, la comunicación e impide el despliegue de todas nuestras capacidades expresivas y creativas.
Cuando damos los primeros pasos en la actuación, la principal traba es e miedo al ridículo, que el público se ría del actor y no del personaje. Ese miedo con ejercicios, técnicas y ensayos se va minorando hasta convertirse en una situación nerviosa, y eso os lo puedo asegurar fehacientemente, llevando más de una década en el teatro, me siguen temblando las piernas cuando se abre el telón y hasta que digo la primera frase, este estado nervioso que si no lo tuvieras sentirías que te falta algo, no se quita nunca.
Nuestra cultura nos ha enseñado que cuando estamos delante de personas debemos cuidar nuestro comportamiento, luego por qué se produce ese miedo? Pues por falta de seguridad, el miedo a que de pronto se te olvide la letra o a quedarte en blanco, se convierte en el principal problema del actor.
El miedo se produce ante una situación desconocida y para eso los ensayos nos deben preparar para que todos los miedos desaparezcan y que todo lo desconocido se repita hasta tener el dominio total de la situación.
Cuando un actor estrena, se supone que se sabe bien la letra, las posiciones en el escenario, las situaciones… y si esas cosas están controladas pues entonces logramos que el miedo a la exposición sea mínimo.
No hay nada mejor para vencerlo que el que te guste hacer lo que estás haciendo, incluso si un actor interpreta un personaje dramático en su interior tiene que estar alegre de representar a otra persona que no es él y lógicamente por estar haciendo lo que le gusta, interpretar.
Hay que estar preparado, no dejar nada al azar para evitar esos miedos y por supuesto el director tiene que ser lo suficientemente precavido para saber si una obra está lista o no, para ser estrenada.
Así disfrutaremos un montón de lo que hacemos sin ningún miedo.

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